01 de Mesidor del Año CCXXIV, día del Centeno

lunes 19 junio 2017

    El centeno, Secale cereale, es una planta gramínea originaria de Oriente Próximo. Se cultiva desde la prehistoria, siendo uno de los cultivos que llevó a la humanidad a abandonar el nomadismo.

    Crece en Europa, América y Asia, el centeno crece en terrenos de secano y resiste bien tanto al frío como al calor, siendo poco exigente con el terreno y las precipitaciones.


                     

     Secale” es la palabra del latín clásico que designa el centeno o la espelta. El término “cereale” proviene también del latín y significa “cereal”.

     La planta tiene un sistema radicular fasciculado y desarrolla tallos largos y flexibles, de entre 110 a 160 cm de altura, que pueden alcanzar los 2 m de forma esporádica.

     Las hojas son alargadas y estrechas, de 5 a 10 mm de ancho. Florece entre mayo y junio, desarrollando una inflorescencia terminal en espiga, de 20 a 30 cm de largo, en la que se desarrolla la semilla o grano.

    Tanto los tallos como las espigas son de color verde cuando jóvenes, adquiriendo una tonalidad amarillenta, casi dorada, cuando maduran. Los granos se recolectan cuando la planta se seca casi en su totalidad.

                          

    Tradicionalmente el centeno era un cereal destinado a la alimentación de los pobres y del ganado.

     Moliendo el grano se obtiene harina de centeno, utilizada en la elaboración de pan de centeno, más oscuro y rústico que el pan de trigo, pero de gran valor nutricional.

     La harina de centeno se usa también en la fabricación de cerveza, aguardiente, whisky y vodka.

    Molida muy fina y mezclada con agua se empleaba como champú para limpiar el cabello y el cuero cabelludo.

    El grano de centeno contiene almidón, proteínas, hierro, fibra y vitaminas del grupo B. Se usa en el tratamiento de la arteriosclerosis, de la hipertensión y de casos de gastritis, así como para mejorar la salud cardiovascular, el sistema inmunitario y en la prevención del cáncer de próstata.

    Las hojas y los tallos de la planta son utilizados como forraje para el ganado y la paja seca se emplea en artesanía, por ejemplo en la elaboración de muñecos de juguete.

                          

    Las condiciones ambientales en las que se desarrolla el centeno son también propensas a la proliferación de un hongo, el cornezuelo del centeno. Entre los siglos XI y XVI, el consumo de harina de centeno contaminada con este hongo fue responsable de las epidemias conocidas como Fuego Santo o Fuego de San Antonio, una enfermedad que combina síntomas tales como trastornos mentales y gangrena progresiva de las extremidades.





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