"El amor de Psique", de Antonio Canova

domingo 22 enero 2017

     Psique reanimada por el beso del amor” o “El amor de Psique” es una escultura de mármol, realizada entre 1787 y 1793 por el escultor y pintor italiano Antonio Canova (1757 – 1822).


                   

     La escultura, en estilo neoclásico, fue un encargo que el Lord Cawdor, el coronel británico John Campbell (1753 – 1821), le hizo a Antonio Canova. En 1800 fue comprada por Henry Hoppe, un mercader y coleccionista holandés. Posteriormente fue adquirida por el cuñado de Napoleón, Joachim Murat, rey de Nápoles entre 1808 y 1815, para exponerla en su castillo. Desde 1824 la estatua se encuentra en el Museo del Louvre, en París.

     Una segunda versión de la estatua, también de Canova, fue adquirida por el Príncipe Yusupov, un noble ruso. Actualmente esta segunda versión se encuentra en el Museo del Hermitage, en San Petersburgo.

     “El amor de Psique” está basada en el mito de Psique y Eros, relatado por Apuleyo (123/5 – 180) en su obra “Metamorfosis” o “El asno de oro”.

     Cuenta el mito que Psique era la menor de las tres hijas del rey de Anatolia. Su belleza era tan extraordinaria que la propia diosa Afrodita se sentía celosa. Para castigarla, Afrodita decidió enviar a su hijo Eros para que le lanzara una flecha, haciendo que se enamorara del hombre más horrible que encontrase.

     Pero Eros, al ver a la joven quedó tan impresionado por su belleza que se enamoró de inmediato y lazó la flecha al mar. Aprovechando que Psique se quedó dormida, Eros la llevó a su palacio. Al despertar, Psique contempló ante sí un magnífico palacio de oro y mármol.

     Al anochecer, Psique se vio envuelta en un misterioso abrazo, mientras una voz le explicaba que él era el esposo para el que estaba destinada. La oscuridad le impidió ver los rasgos del hombre, pero su voz era dulce y tierna. Estuvieron juntos toda noche, pero antes del amanecer, el visitante desapareció, haciéndole prometer a Psique que nunca intentaría ver su rostro.

   Para que Afrodita no descubriera a la joven en el Palacio y para evitar su ira, Eros solo la visitaba en la oscuridad de las noches.

    Durante un tiempo Psique se sintió feliz con su nueva vida, pero con el tiempo empezó a añorar a sus hermanas. Por eso, una noche le pidió a su marido que le dejase visitarlas. Eros accedió.

    Psique visitó a sus dos hermanas que, envidiando la felicidad de Psique, sembraron en el corazón de la joven la sospecha que de su esposo debía ser un ser horrible, un monstruo que necesitaba esconder su fealdad en la oscuridad de noche.

    Tanto la hicieron dudar que una noche Psique rompió su promesa. Aprovechando que Eros dormía, se levantó de la cama y disimuladamente encendió una lámpara y la acercó al misterioso rostro.

     Con espanto contempló la hermosura del joven, reconociendo a Eros. A los pies de la cama se encontraban su arco y sus flechas. Sin darse cuenta, una gota de aceite cayó sobre el hombre desnudo del dios. Eros despertó, regañando a Psique por faltar a su palabra y de inmediato desapareció, así como el palacio.

      Psique de repente se encontró sola, en una roca en medio de la nada. Al principio pensó suicidarse tirándose a un río que pasaba cerca, pero la corriente la devolvió a la orilla. Desde ese momento Psique vagó por el mundo en busca del amor perdido.

     Afrodita al enterarse del romance entre Eros y Psique la obligó a someterse a cuatro terribles pruebas. Gracias a la ayuda de la Naturaleza, la joven logró superarlas. Por último, Afrodita la obligó a descender al inframundo, para pedirle a Perséfone un frasco de agua de Juvencia. Psique agotada, adormeció en el mundo de los muertos.

     Eros, conmovido por el sufrimiento de Psique, a la que nunca había dejado de amar y proteger, la despertó de su sueño mortal. Después la cogió en brazo y la llevó al Olimpo, solicitando a Zeus permiso para que Psique se reuniera con él.

     Zeus accedió a los ruegos de Eros y le otorgó a Psique la inmortalidad. Afrodita, al ver que Zeus consentía la relación entre Eros y Psique, olvidó su rencor.





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