La Carabela Portuguesa, falsa y venenosa

martes 04 abril 2017

    La Carabela Portuguesa, Physalia physalis, es una falsa medusa que puede encontrarse en mar abierto, en las aguas cálidas de las regiones tropicales de los océanos Pacífico e Índico, y en algunas zonas del océano Atlántico.

    En ocasiones se han llegado a encontrar grandes grupos de carabelas portuguesas, formados por cerca 1000 ejemplares.

                      

    Pese a tener apariencia de medusa, se trata en realidad de un conjunto de organismos, que se organizan formando una colonia y que serían incapaces de vivir de forma independiente. Cada uno de los organismos que constituye la carabela portuguesa está especializado en una función concreta:

        - neumatóforo: es la parte que flota o vela;

        - gastrozoides: encargados de la digestión;

        - dactilozoides: responsables por la detección y captura de las presas y de la defensa;

        - gonozoides: se ocupan de la reproducción.

    El cuerpo es una bolsa prominente, de color azulado en la parte superior, en cuyo interior se encuentran muestras de nitrógeno, oxígeno y argón. La vela gelatinosa, con el borde de un tono rosado, mide entre 15 a 30 cm, y le permite desplazarse impulsada por los vientos, las mareas y las corrientes marinas. Al inflarse la carabela puede alcanzar velocidades de desplazamiento de hasta 22 m/s.

    Del cuerpo cuelgan numerosos tentáculos que llegan a medir hasta 50 m, aunque lo más habitual es que midan aproximadamente 10 m. Están provistos de unas cápsulas urticantes, denominadas cnidocitos. Cada cm2 de los tentáculos la carabela portuguesa posee más de un millón de células urticantes. Cuando estimuladas, las cápsulas liberan un filamento hueco en forma de espiral, que se enrolla alrededor de la presa y las púas o espinas que posee le inyectan una toxina proteínica que paraliza la presa. Después, con ayuda de los tentáculos, es introducida en la cavidad gastrovascular, donde tiene inicio la digestión.

    La carabela portuguesa es un carnívoro y se alimenta de pequeños organismos acuáticos, como por ejemplo peces, moluscos o plancton, pero sus tentáculos venenosos pueden incluso paralizar a grandes peces.

                     

    No obstante la falsa medusa sirve de alimento a algunos seres vivos acuáticos que son inmunes a su veneno. Tal es el caso de algunas tortugas, cuya piel es demasiado gruesa para que el veneno de la picadura les afecte. Algunas babosas y caracoles de mar también son inmunes, bien como el pulpo manta, al igual que el pez luna que, en ocasiones, también se alimenta de carabelas portuguesas.

    Ante la presencia de depredadores, la carabela es capaz de desinflar su bolsa, sumergiéndose hasta el fondo del mar, dando la impresión de haber muerto.

    Por otro lado, algunos peces establecen relaciones de simbiosis con la falsa medusa. Tal es el caso del pez carabela portuguesa, un pequeño pez parcialmente inmune al veneno de las células urticantes, o el del pez payaso y del jurel, que pueden nadar entre los tentáculos urticantes en busca de refugio ante los depredadores. A su vez, la presencia de los peces atrae a otros seres marinos que le sirven de alimento a la carabela.

    Para el ser humano la picadura de los tentáculos urticantes es peligrosa y muy dolorosa. El veneno puede provocar, además de dolor intenso en la zona de la picadura, vómitos, fiebre, teniendo consecuencias neurotóxicas, citotóxicas y cardiotóxicas. Pueden provocar paro cardíaco e incluso se han llegado a registrar casos de muerte.

    Hay que tener cuidado con sus tentáculos, tanto si se encuentran en el mar, como si está muerta en la costa, ya que incluso estando inerte su veneno sigue activo.

    La carabela portuguesa recibe este nombre porque la vela se asemeja a las de las carabelas construidas por los portugueses en el siglo XVI.






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