La Condesa Sangrienta - Erzsébet Báthory

miércoles 26 octubre 2016

Erzsébet Báthory (7 de agosto de 1560 – 21 de agosto de 1614)

 

     Erzsébet Báthory ha pasado a la historia con el apodo de la Condesa Sangrienta, detentora del récord Guinness de la mujer que más ha asesinado en la historia de la humanidad, 650 muertes. Cuenta la leyenda que la condesa, obsesionada por mantener su belleza y juventud, utilizaba la sangre y las pupilas de sus jóvenes sirvientas como exilir de la eterna juventud.


    
Erzsébet Báthory era hija de los condes de Erdély, una las familias más antiguas, poderosas y adineradas de la aristocracia húngara, concretamente de la región de Transilvania. Su infancia transcurrió en el castillo de Csetje, sufriendo antes de cumplir 6 años, ataques que podrían considerarse actualmente como epilepsia y que no se volverían a repetir a lo largo de su vida.

     Recibió una buena educación, su cultura sobrepasaba a la de la mayoría de los hombres de la época. Hablaba y escribía perfectamente húngaro, latín y alemán, en una época en la que la mayoría de los nobles húngaros no sabían escribir e incluso el Principe de Transilvania era prácticamente analfabeto.

     Con 11 años es prometida con su primo de 16 años, Ferenc Nádasdy y un año más tarde pasó a residir en el castillo de Ferenc. La relación con la madre de este, Úrsula, nunca fue buena.

     En 1575, con 15 años, contrajo matrimonio con Ferenc, quien adoptó el apellido de su esposa, por ser mucho más ilustre que el suyo. Establecieron residencia en el Castillo de Čachtice, aunque Ferenc pasaba largos periodos fuera, en combate en las muchas guerras de la zona, empalando a sus enemigos, ganándose el apodo de “Caballero Negro de Hungría”.

     Entre la correspondencia que intercambiaban, Ferenc y Erzsébet hablaban sobre las formas más apropiadas para castigar a sus sirvientes. En ausencia de su marido, la condesa administró el castillo con mano de hierro, eran frecuentes las brutales palizas a las sirvientas, a las que golpeaba con un pesado mazo o pinchaba con agujas debajo de las uñas.  En la época era común que la nobleza infligiera crueles castigos físicos a sus sirvientes.

     Se rumoreaba que mientras su marido estaba fuera, ella mantenía relaciones sexuales con sirvientes de ambos sexos y que en el caso de las jóvenes no era raro que las mordiese salvajemente.

     El matrimonio tuvo 4 hijos. La primera hija de la pareja, Ana, nació en 1585, nueve años después nacieron Úrsula y Catalina. Finalmente, en 1598, nació Pablo, el único hijo varón.

     En 1604 Ferenc murió a causa de una enfermedad súbita tras una batalla, dejando a Erzsébet, viuda a los 44 años, como una gran señora feudal con importantes posesiones en Transilvania.

     Lo primero que hizo Erzsébet después de la muerte de su marido fue echar a su suegra y a toda la rama familiar de los Násdasdy del castillo. Las sirvientas protegidas por su suegra fueron llevadas a los sótanos, donde fueron castigadas.

     Según la leyenda la obsesión de la condesa por mantenerse joven empezó cuando vio en el pueblo a una anciana y se burló de ella. La anciana la maldijo, diciéndolo que también envejecería y sería como ella con el paso de los años.

     Un día, poco después de la muerte de su marido, una de las sirvientas le dio un tirón de pelos involuntario mientras la estaba peinando, ganándose un fuerte bofetón que hizo que le sangrara la nariz. La sangre salpicó la piel de Erzsébet y a esta le pareció que donde habían caído las gotas las arrugas desaparecían y la piel se volvía más joven. La sangre podría ser la forma para mantenerse siempre bella y joven. Tras consultar con varias brujas y alquimistas y con ayuda de su mayordomo, desnudaron a la muchacha, la degollaron y llenaron un barreño con su sangre. Según algunos relatos la condesa se bañó en la sangre, según otros simplemente se embadurnó el cuerpo con ella y algunos dicen que probablemente se la bebió para recuperar su juventud.

     Entre 1604 y 1610 sus fieles servidores se dedicaron a proveerla de jóvenes, de 9 a 16 años, para sus rituales sangrientos, generalizando la práctica de beber su sangre mediante mordiscos en las mejillas, hombros y pechos o bañándose en ella.

     Para mantener las apariencias convencieron al pastor protestante del pueblo para dar entierro cristiano a las víctimas. Sin embargo, cuando la cifra empezó a subir el pastor empezó a manifestar sus dudas, ya que morían demasiadas chicas de forma misteriosa. Erzsébet se vio obligada a enterrar en secreto los cuerpos desangrados.

     En 1609, a causa de la falta jóvenes de origen humilde en la zona, la condesa empieza a acoger en el castillo a niñas y adolescentes de buenas familias, para educarlas y como damas de compañía.

     Si bien que la tasa de mortalidad infantil y juvenil en la época era elevada, parece que el número de fallecimientos en Čachtice era demasiado elevado. Además ahora las víctimas no eran plebeyas, sino miembros de familias de la aristocracia menor, por los que las muertes eran consideradas importantes. Finalmente una de las jóvenes logró escapar antes de que la matasen e informó a las autoridades.

     El rey Mátyás, enemigo de Erzsébet Báthory, ordenó al conde de palatino, György Thurzó, primo enemistado con la condesa, tomar el castillo de Čachtice. Thurzó entró con sus soldados en el castillo sin que Báthory ofreciera resistencia.

     Según el relato de Thurzó en el salón encontraron una joven desangrada, aún con vida, pero a la que habían agujereado el cuerpo. En la mazmorra encontraron una docena de jóvenes, que todavía respiraban, pero que habían sido perforadas y cortadas en varias ocasiones en las semanas anteriores. Enterrados en el castillo encontraron los cuerpos de 50 muchachas más. Thurzó se hizo también con el diario de Erzsébet en el que contaba, día a día, sus víctimas con todo lujo de detalles, sumando más de 600 jóvenes torturadas y asesinadas en 6 años.

     En 1612 se inicia el juicio, al que Erzsébet no compareció acogiéndose a sus derechos nobiliarios, negándose además a declararse inocente o culpable. Quienes comparecieron fueron el pastor protestante, quien la acusó de practicar la brujería, concretamente la magia roja, y su mayordomo, obligado a prestar declaración. Según este había presenciado como mínimo 37 asesinatos de jóvenes, de entre 11 y 22 años. La acusación se centró en los asesinatos de las jóvenes aristócratas, ya que los de las sirvientas carecían de importancia.

    En la sentencia todos los cómplices de Erzsébet fueron declarados culpables, unos de brujería, otros de asesinato y los demás de cooperación. A las brujas le arrancaron los dedos con tenazas al rojo vivo y las quemaron vivas. Los demás fueron decapitados y sus cadáveres quemados.

    El rey Mátyás pedía la decapitación de Erzsébet Báthory, pero al ser noble la ley lo impedía. Finalmente fue condenada a cadena perpetua en confinamiento solitario, siendo confiscadas todas sus propiedades, que pasaron a manos de Mátyás.

     Erzsébet fue encerrada en sus aposentos, en el Castillo de Čachtice. Las ventanas y puertas de la habitación fueron cerradas por albañiles, dejando únicamente un pequeño orificio para pasar la comida.

     El 21 de agosto de 1614 fue encontrada muerta, después de haber pasado 4 años encerrada sin ni siquiera ver la luz del sol.

     Intentaron enterarla en la Iglesia de Čachtice, pero los habitantes lo consideraron una aberración. Finalmente fue enterrada en el pueblo de Ecsed, lugar de procedencia de su familia y en donde aún tenía algún pariente lejano.

     A día de hoy es imposible saber exactamente donde termina la realidad y empieza el mito en la historia de la Condesa Sangrienta. Los Archivos Nacionales de Hungría conservan algunas cartas personales de Erzsébet y las actas del juicio, pero su famoso diario nunca fue encontrado.




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