María Izquierdo, la primera pintora mexicana que cruzó fronteras

viernes 17 marzo 2017

      María Cenobia Izquierdo Gutiérrez nació en San Juan de los Lagos, Jalisco, México, el 30 de octubre de 1902.

      Cuando contaba con apenas 5 años perdió a su padre, pasando su educación a estar en manos de sus abuelos, hasta que su madre se casó nuevamente. Durante su infancia vivió en Aguascalientes y en Torreón, Coahuila.

                

     En 1916, con apenas 14 años, por presiones familiares contrajo matrimonio con el militar Cándido Posadas, con el que tuvo tres hijos. La relación fue corta, una vez que María abandonó a su marido y en 1923 se divorciaron.

     En ese año de 1923 la familia Izquierdo se trasladó a vivir a Ciudad de México.

     En 1927 María Izquierdo se matriculó en la Academia de San Carlos, donde tuvo como maestros a Germán Gedovius, Manuel Toussaint y Rufino Tamayo.

     En enero de 1928 ingresó en la Escuela Nacional de Bellas Artes, siguiendo sus estudios en la Academia de San Carlos hasta junio de 1929.

    Entre 1929 y 1930 mantuvo una relación afectiva con Rufino Tamayo, hasta que él la dejó para casarse con Olga. Posteriormente María mantuvo una relación con el pintor Raúl Uribe, quien fue el encargado de difundir su obra, fundamentalmente entre diplomáticos.

   Las primeras obras de María Izquierdo, realizadas entre 1927 y 1930, tienen como fuente de inspiración su entorno más directo, reflejando su traslado desde el mundo rural a la vida citadina. Destacan también las naturalezas muertas, los paisajes y los retratos de familiares y amigos. En “Niñas durmiendo”, de 1930, la pintora retrata a su hija Amparo y una sobrina.

     La primera exposición individual de María Izquierdo se realizó en 1929, en la Galería de Arte Moderno del Palacio de Bellas Artes de Ciudad de México.

    En 1930 participó en un concurso artístico convocado por la cementera “La Tolteca”, recibiendo una mención honorífica especial del jurado.

     Ese mismo año celebró su primera exposición individual en Estados Unidos, en la Arts Center Gallery de New York, siendo la primera pintora mexicana en exponer su obra en este país. También en 1930 la American Federation of Arts presentó en el Museum of Art una exposición de arte popular y pintura mexicana, en la que fueron expuestas obras de diversos artistas mexicanos, entre ellos María Izquierdo.

     En los años 30 se produjo un importante cambio en las pinturas de la artista, con una nueva actitud estética, plasmada la realidad social y cultural de la época, con un trasfondo de denuncia social. Realizó una serie de obras en las que la mujer es la figura protagonista: “Mujer y columna” (1932); “Dos mujeres, dos caballos y columna” (1932), “Autorretrato” (1933) o “Velorio y Consolación” (1933).

    En esta década la pintora participó en distintos movimientos de lucha contra el imperialismo y el fascismo, siendo miembro de la Liga de Artistas y Escritores Revolucionarios (LAER).

  En 1930 formó parte del Comité Ejecutivo de la Sociedad Panamericana de Mujeres, dando una conferencia radiofónica con el título “La mujer y el arte mexicano”, en la que es clara su postura a favor de la mujer. Según María Izquierdo, la mujer pintora tenía que enfrentarse a una doble discriminación, por un lado por parte de los pintores y por otro, por parte de las mujeres conservadoras. La artista consideraba además que la mujer transformarse en un factor participativo dentro de la lucha de clases.

    En 1935 dirigió la exposición itinerante “Carteles Revolucionarios Femeninos” patrocinada por el Partido Nacional Revolucionario.

    En 1944 fue presidenta del comité organizador del Primer Congreso Internacional de artistas y escritores antifascistas.

    Un año más tarde fue contratada para pintar un mural de más de 200 m2 en el edificio sede del gobierno del Distrito Federal, la temática sería “La historia y desarrollo de la Ciudad de México”. Cuando todo estaba listo, bocetos, materiales, personal, andamios, etc., recibió la orden de cancelación del proyecto por razones técnicas. Le fue propuesto pintar en el muro de una escuela pública o en un mercado, pero nunca llegó a realizar ninguno de esos proyectos.

   Ante esta afrenta María Izquierdo decidió poner de manifiesto la existencia de un monopolio en la pintura mexicana, indicando que la pintura de murales estaba reservada solamente a algunos pintores, a quienes consideraba responsables de urdir complot en su contra. Aunque no los nombró públicamente, se refería a Rivera, Orozco y Siqueiros.

   En 1948 sufrió varios ataques cerebrovasculares, que le provocaron una hemiplejia que le paralizó el lado derecho del cuerpo e hizo que perdiera el habla. Pese a todo, con su determinación y fuerza de voluntad logró volver a pintar, usando la mano izquierda.

   El 02 de diciembre de 1955 María Izquierdo murió en Ciudad de México, víctima de una embolia.

               

   En 1964, Año de las Artes Plásticas de Jalisco, fue la única mujer cuyo nombre quedó inscrito junto al de otros 17 artistas en el muro monumento a José Clemente Orozco, en la ciudad mexicana de Guadalajara.

   Actualmente los cuadros de María Izquierdo se encuentran en diversos museos y colecciones privadas, tanto en México, como en el extranjero.

   Su obra se caracteriza por el uso de colores intensos, con una cierta tendencia al surrealismo, en una diversidad de temáticas: naturalezas muertas, paisajes, escenas circenses, figuras femeninas, fiestas tradicionales mexicanas, etc.




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